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Los huérfanos del terremoto

07 octubre, 2017 | Paises

La herida no se ve, quedó en el corazón. Samuel y Sebastián intentan ocultar su mirada triste entre juegos de un niño de cuatro y cinco años. Corren, brincan, patean la pelota, ríen, pero el recuerdo los invade.

Desde hace 30 días sus vidas cambiaron, ese temblor —el más fuerte que haya tenido Juchitán— no tuvo piedad y les arrebató lo más preciado en la vida: papá o mamá.

Son niños que han quedado huérfanos desde el 7 de septiembre, como José, Reyna, William, Víctor, Daniel, Mariana, Juan…

Duermen en la calle, en el patio del vecino, en un albergue, en donde puedan, pero siempre junto a los que le sobreviven.

A veces la familia Jiménez López se siente atrapada en un sueño. 30 días y 30 noches se han resistido a la realidad, creen que en cualquier momento Juan Jiménez Regalado llegará con su uniforme puesto a casa. Pero los restos del policía municipal de Juchitán ya descansan en el Panteón Miércoles Santo.

La viuda Irma López extraña a su compañero, al amigo, al padre. Ya no sabe cómo seguir con los gastos de la casa. El seguro de vida que recibiría ha quedado en promesa, y la presidenta municipal, Gloria Sánchez, se olvidó de la familia Jiménez López.

Apenas pasen los 40 días de la muerte de Juan Jiménez Regalado, Irma López comenzará a vender pescado en las calles para poder mantener los estudios de sus hijos.

Su corazón no resistió. José Manuel López tiene 10 años, es el mayor de los hermanos. Le sigue Reyna, de 9; José Daniel de 7 y Samuel de 4.

Su mamá, Valentina Nicolás Sánchez, falleció a los 28 años, su corazón no soportó el miedo, la impresión de ver cómo se derrumbaba Juchitán.

Quien está ahora a cargo de los hermanos es Isabel Sánchez Vázquez, la abuela de 50 años que tendrá que trabajar al doble para sacar adelante a sus nietos.

La noche del temblor, Valentina estaba en casa con sus hijos en la novena sección. Isabel corrió como pudo a casa de su hija.

Valentina abrazaba a sus hijos, estaba pálida, temblando de miedo.

¡Mi corazón mami, como que quiere parar! ¡Mi corazón mami! ¡Estoy sintiendo que me estoy muriendo! Dijo Valentina asu mamá.

¡No! ¡No, no vas a morir! Contestó Isabel nerviosa al ver que el cuerpo de su hija perdía fuerza.

Apenas amaneció, fueron al hospital. El sábado su corazón ya no pudo resistir.

“Tu hija va a fallecer”, dijo el doctor al Isabel.“No. No va a fallecer, tiene cuatro niños”, respondió tajante.

Por más que suplicó Isabel, el doctor ya no pudo hacer nada. Valentina falleció por un paro cardiaco.