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Estudio comprueba que las ratas aprenden a jugar a las escondidas

13 septiembre, 2019 | Tecnociencia

El escondite es un juego al que casi todo el mundo ha
jugado, pero lo que representa una novedad es hacerlo con una rata. Expertos de
la Universidad Humboldt de Zúrich han enseñado a estos roedores a jugar y,
según parece, se les da bien tanto ocultarse como buscar.

El estudio que publicó este jueves en la revista Science presenta
un novedoso paradigma para el estudio de la neurobiología del comportamiento
lúdico de los animales, indicó.

Las ratas que aprendieron este juego infantil no recibían
como premio alimento, sino que los expertos las recompensaban interactuando con
ellas de forma divertida, como haciéndoles cosquillas o con caricias.

Los científicos enseñaron a las ratas una versión
simplificada del escondite adaptada a una versión entre roedores y humanos y
bastaron unas semanas para que fueran capaces de jugar, tanto a esconderse como
a buscar, “desempeñando cada uno de ellos con un elevado nivel de competencia”,
agrega la nota.

Cuando las ratas tenían que encontrar a un humano, lo hacían
sin detenerse hasta dar con su escondrijo, mientras que cuando era su turno
para esconderse permanecían quietas hasta ser descubiertas, explicó la firmante
principal del estudio, Annika Reinhold.

Los resultados muestran que “los animales se convirtieron en
jugadores estratégicos que empleaban búsquedas sistemáticas, señales visuales e
investigación de escondites anteriores de sus homólogos humanos”.

A la hora de esconderse, los roedores, que mostraron su
preferencia por meterse en cajas de cartón opaco antes que en otras
transparentes, permanecían en silencio.

Los autores también observaron en las ratas vocalizaciones
únicas para cada rol del juego y las grabaciones neuronales revelaron una
intensa actividad en la corteza prefrontal que variaba al ritmo de los eventos
del juego.

Las características inherentes del comportamiento lúdico en
animales -libre, sujeto a reglas y sin beneficios más allá del juego-
dificultan la evaluación aplicando los métodos tradicionales de la
neurociencia, frecuentemente basados en un estricto control y condicionamiento,
por lo que se sabe muy poco sobre la prevalencia o la base neural de los
comportamientos lúdicos en los animales.